Etnografía de la
rumba: tomando cerveza
Alejandro Castaño
Ramírez
English version below
La vida cotidiana impone sobre las personas que viven en el capitalismo,
una rutina de producción con una disciplina sobre el cuerpo y la mente. Pero toda rutina es poco natural al ser humano,
que evolucionó de cazador recolector libre a
animal urbano. Por eso el ciudadano de hoy busca escapes a esa rutina en las
vacaciones y en sus actividades de tiempo libre, por ejemplo la rumba.
La rumba es un ritual que realizamos con unos objetivos determinados, es decir buscando emociones específicas como la libertad, la euforia, la alegría, el desahogo, la desinhibición. Las emociones que se viven trazan una ruta que parte de un estado tranquilo al comenzar la rumba y llegan a un estado eufórico, para luego volver a bajar hasta el guayabo. En ese recorrido se cambia, se transforman las emociones y los pensamientos hacia nuevos discursos en nosotros, haciéndonos sentir liberados.
La construcción de la euforia no se realiza sola, sino que
los seres humanos hemos aprendido a tomar sustancias de la naturaleza en la que evolucionamos. Estas sustancias nos ayudan a manipular nuestra mente y con el
caso de la rumba, nos ayudan a llegar a la euforia. Uno de las primeras sustancias
de la rumba es la cerveza, la cual es una
iniciadora de la rumba. Su característica como un alcohol suave, el cual es
regulado en Colombia con respecto a su grado de alcohol, lo convierte en un
pasante de otros licores con mayor grado de alcohol, cumpliendo así la función
de desinhibir a quien lo toma, transformándolo sin emborracharlo.
La rumba generalmente sigue
también una ruta geográfica si se quiere, al mismo tiempo que recorre una ruta
de sustancias o de emociones. Esta ruta generalmente comienza donde las
personas se reúnen. La reunión de diferentes personas comienza a motivar la
rumba. En Colombia se comienza a compartir con cerveza. Esto puede ser en casa o en la calle. Se va
buscando un sitio donde la música suene cada vez más duro a medida que avanza
la noche y se toman más tragos y se baila más.
A party ethnography: drinking beer
Alejandro Castaño Ramírez
The
structure of day to day life forces people living a capitalistic culture to
have a productive routine, which disciplines the body and the mind. But every
routine seems unnatural to human beings, as we have evolved from being curious
and free hunter-gatherers to an urban animal. Therefore the actual citizen
searches ways to escape capitalistic routine on vacations and with free time
activities such as partying.
Party is a
ritual we perform aiming to a target, which is seeking specific emotions as
freedom, euphoria, joy, openness and to feel free of inhibitions. Emotions we experience partying exhibit a path from a passive state of the body at party's beginning,
until get to euphoria at the party climax and then go down into a hangover after the
party. In this path we change, our emotions get transformed and we have new notions in our minds, which make us feel free.
But
euphoria is not achieved by the body alone or rudimentary pain techniques, but
humans have learned to intake substances from the nature we have evolved alongside.
These substances helps us to manipulate our self and, in the case of partying,
help us to be euphoric. One the first substances in the party path is beer, as
an initiator. Its characteristics as mild alcohol, regulated by law in
Colombia, fulfills the mission to be liberated of inhibitions for those who drink it,
transforming him or her, but not driving him or her drunk.
The party
follows a geographical path if you like, as well as we follow an emotional and
substance related path. This path begins where people meet. Meetings fosters parties.
In Colombia we start a party drinking beer. This can happen outdoors or indoors,
family or even in a business setting. In the end you will go searching for a place where the
music is louder and louder as the night deepens and you take more drinks and
dance harder.
No hay comentarios:
Publicar un comentario