jueves, 15 de octubre de 2015

Votar en blanco no es como lo pintan
Alejandro Castaño Ramírez

Muchos ciudadanos consideramos el voto en blanco tiene poca validez. Y esto se debe a que la ley colombiana ha sido siempre blanda al respecto. En un principio se le sumaba al ganador. En 2003 se reforma y se le ha dado el poder de eliminar los candidatos en una primera vuelta para que se presenten nuevos candidatos o nuevas listas.

Sin embargo votar en blanco no es una decisión fácil, ya que nosotros no parecemos votar por aquello que nos representa, sino en contra de lo que no nos representa. En Bogotá votamos de manera partidaria, en contra de una corriente de pensamiento, sin pensar detenidamente en aquello que es más conveniente para nosotros, en lo que queremos para esta ciudad. Y si entre aquellas propuestas no está aquello que nos represente, el deber ser dice: vota en blanco, mostrando con democracia nuestro descontento con los candidatos.

Bueno, el deber ser, pero la historia puede llevar a ironías. En las elecciones electorales que han seguido desde ese 2003 la votación en blanco ha sido mayoría en dos ocasiones. En la última, que ocurrió en el municipio de Bello, Antioquia, ha ganado el voto en blanco y el candidato único fue reemplazado, aun cuando al final ganó el mismo partido. Lo que igual no parece ser una coincidencia en la medida en que este partido fuerza y ha venido ganando posiciones en la administración de Bello. Puede que el voto en blanco estuviera en contra de la existencia de un solo candidato o de los antecedentes del candidato desechado, es difícil saber hoy en día.

Siendo así las cosas votar el 23 de octubre genera incertidumbre. Si votamos en contra de la izquierda o la derecha lo hacemos por temor, convencidos de que las otras propuestas, sin importar cuales fueren, son peores para la ciudad. Pero si votamos en blanco la repetición de las elecciones nos puede dar un tiro en el pie, ya que la ley nos ha dado instrumentos incompletos para defenderos de los criminales políticos que siguen haciéndose cargo de la ciudad.

Voting White is not as it looks

Many citizens consider protest votes (known as voting white in Colombia) as being of low value, because Colombian law has been very soft on this, or maybe manipulated. In the beginning the protest votes were added on to the winner´s votes. But in 2003 a law reform was undertaken and now it has the power to dismiss all candidates in the first round, calling for a repeat in a second round of voting.

But to make a protest vote is not an easy decision, as we do not seem to vote for what represents us, but against something that does not. In Bogotá we vote in a partisan fashion, against a certain line of a political front, without deep thinking about what is most important for us and for our city. If none of the proposals or candidates represent or views, it is a must to leave the ballot sheet blank, showing democratically our discontent with the actual candidates.

Well, people can do what they see fit, but history is crowded with ironies. Since 2003, protest votes have been majority on two separate occasions. The last one was in Bello, Antioquia, the only candidate was then replaced, even if in the second round of voting the same political party won nevertheless. This may not be a coincidence or something completely forced, as the political party had won before more representatives in Bello’s government. It may be that the protest vote was indeed related to the existence of an only one candidate or because of his dubious background. It is hard to know nowadays.


But being like that, the Bogota Mayoral vote on the 23rd of this month involves uncertainty. If we vote against the left or the right we do it because we fear other proposals are worse for the city, no matter what they propose. But if we vote in white we might be shooting ourselves in the foot, as Colombian law does not give us complete tools to defend ourselves from political criminals still on charge of the city.

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miércoles, 7 de octubre de 2015

Opción para que no botemos más el voto
Alejandro Castaño Ramírez

Hola, cuando escribí la entrada anterior en este blog, me preguntaron: ¿y entonces qué? ¿Cuál es la solución a esta situación? Menuda responsabilidad me he puesto encima a partir de escribir sobre el voto. Tuve miedo. No sé si realmente sea apto para el cargo, como dicen. Sin embargo, luego, pedaleando en la bicicleta al trabajo algo se me ocurrió y quiero compartirlo con ustedes.

Añadir leyenda
En primer lugar el voto en Colombia debería ser obligatorio. Todo colombiano apto para votar debería hacerlo. Ya que el primer eslabón roto en la cadena de la democracia es el abstencionismo. En lo que nuestro país tiene una gran tradición, ya que por lo general el abstencionismo es mayor al 50% de quienes pueden votar. Salvo en 1998 la tendencia superior a la mitad se mantiene, incluso en 1994 es cercana al 70% en ambas vueltas de la ronda electoral. La principal razón es la falta de confianza en la gestión de los políticos y la consecuente apatía hacia su elección a través de la democracia.

Pero que los ciudadanos volvamos a tener confianza en las instituciones está cuesta arriba en Colombia. La imagen desfavorable del gobierno Santos es un valor estadístico muy cercano al del abstencionismo: 56% de acuerdo a la encuesta Colombia Opina.

Y cabe pensar: ¿serán estas las mismas personas? Con frecuencia los números nos muestran extrañas coincidencias que de igual forma resaltan lo importante: más de la mitad de los posibles votantes en Colombia no creen ni en la democracia, ni en lo que la representa. Y a menos que tengamos otra solución para nuestro sistema social que uno de representación entonces sacarle lo mejor.

Lo segundo es que los votantes deben tener una alocución pública, frente a la sociedad, que demuestre que han considerado por quién votar y que si ninguno los convence pueden votar en blanco. Esta situación social puede crearnos conciencia sobre nuestro voto y hacer que, por fin, realmente podamos organizarnos como una democracia. No una falsa oligarquía disfrazada sino el poder de un pueblo que quiere ser libre.

Un experimento social de este tipo puede ser una de las soluciones que necesite Colombia para crecer hacia una verdadera democracia.


An idea to avoid the throwaway votes

Hi, when I wrote my last entry to this blog, somebody asked me: and now what? What is the solution? Such a heavy weight has been put on my shoulders since I wrote about the vote. I was scared, I didn´t know if I was the one for this duty. But later on, I was riding my bicycle to work when it came out: a possible solution I want to share with you.

Firstly, to vote must be mandatory, at least for once and then for the newcomers. Every Colombian that is able to vote must do it, as abstentionism is a broken link in our democratic system. Our country has a huge tradition on abstentionism, with 50% of the population not participating in almost every national election. Only the 1998 election was that figure less than the 50%. But the trend seems to be going up and in 1994 is close to 70% of people abstained in both electoral rounds. The main reason is the lack of confidence in politician’s management and the resulting apathy to elect them through democratic elections.

But to be confident again in Colombian institutions is unlikely. Unfavorable image of Santos’ government is a statistical value very close to abstentionism number’s: 56% according to Colombia Opina survey.

It´s also worth asking: is it always the same people that abstain? Frequently numbers show odd coincidences, but highlighting that which is most important: more than the half of the Colombians do not believe in our current system of representative democracy, or in closer to reality what it represents to them. Unless we have a better solution for our social system than representation, we have to make the most out of it.

Secondly, voters must have the right to speak freely in public, showing we have considered for whom to vote and stating that if we don’t believe in any of the candidates we can spoil our ballot as a protest against the proposed candidates. This situation may breed in us some consciousness about our vote and, finally, may lead us towards real democracy. Leaving behind an old oligarchy disguised as a democracy and giving the people the power to be free.

Such a social experiment could be a possible solution for Colombia in order to achieve a true state of democracy.

jueves, 1 de octubre de 2015

 A botar el voto: sobre la falsedad de la democracia en Colombia
Alejandro Castaño Ramírez
English version below

En muchas de nuestras familias en Colombia nos enseñaron que la democracia se basa en votar, en pensar detenidamente sobre cuáles son los mejores planes de gobierno e impulsarlos con nuestros votos. Pero esta es una fantasía, ya que las leyes manipuladas por los políticos no tienen dientes para castigar a corruptos, criminales y ladrones, que han construido un paraíso para sus malas intenciones.

Y si no me cree por favor revise las cifras de los candidatos inhabilitados, de los funcionarios públicos investigados, del trasteo de votos y la cantidad de municipios, ciudades y mesas de votación que hoy en día son vistas con alto riesgo de parte de organismos de veeduría internacional y hasta de la misma Registraduría.

Esto siempre ha sido así, solo que cada vez sale más a la luz pública, aunque ya era un secreto a gritos desde que los terratenientes guardaban las cédulas de los campesinos y las sacaban para las votaciones.

Se tiene la esperanza que esa visualización de las falsas prácticas democráticas en Colombia, toda esa pantalla y exposición, genere algo de vergüenza y por fin nos movilicemos a actuar. Pero no, esto no ha sucedido y el poder político en Colombia simplemente se oculta un poco más con leyes, tutelas y acuerdos, amangualados con una sociedad mafiosa para la cual el comportamiento de estos políticos corruptos es natural y deseable.

A pesar de que la sociedad civil se queja incesante de la enferma democracia Colombiana, es realmente cómplice de sus delitos. Porque es cómplice de la corrupción quien vende su voto, o quien lo cambia por dádivas. Porque le está entregando a esos mismos políticos de los que tanto crítica y de los que sabe su mala fe, un país hermoso que podría ser incluyente y diverso.
He ahí la verdadera causa de nuestra podrida democracia, de nuestras instituciones corruptas, que se han convertido en escuelas del crimen de corbata: nuestra propia vocación al mal, porque seguramente la sociedad civil quiere ser como esos políticos corruptos que igual son ricos y viven en libertad, a pesar de que todos sabemos que son culpables.

To throw the vote: illusions of Colombia’s democracy

In many of our families in Colombia we were taught the foundation of democracy was to vote. In order to vote we need to think hard on the best government plans and to back them with our vote. But this is a fantasy, many laws have been manipulated by politicians and now the law has no teeth to punish corruption, crime or robbery. Therefore, Colombia is a paradise for politicians with bad intentions.

And if you don’t believe me, please do your own research of the following: the amount of disqualified candidates in elections; public servants under investigation; the “trasteo de votos” and the amount of cities, towns and municipalities that international monitors believe are at risk of vote rigging and manipulation; even the Colombian Government.

It has always been this way, but now it receives more attention from the media, even if it has been an open secret since the time when the “Terratenientes” kept farmers´ IDs to prevent them from participating in elections. And in election time they did the farmers vote for what the “Terratenientes” wanted.

Some of us hope that spotlight on the illusion of democracy in Colombia, all the media exposure, will breed in us some shame leading us to act against this falsehood. But it has´t happened, and now the political manipulators just hide a little bit deeper in the maze of laws and agreements. Concealed by a mafia society which considers political misbehavior as something natural and desirable.

Even if civil society is always complaining about the diseased democracy in Colombia, the truth is that we are accomplices of the politician’s crimes. For it is the accomplice who sells his or her vote, or who exchanges it for goods. We are all guilty of delivering a beautiful country that may be diverse and inclusive, to those politicians that we always complain about.

That is the truth & the shame of our rotten democracy, of our corrupted public institutions, that are tied to criminal groups. It is our vocation for evil, because our civil society wants to be like those corrupt politicians which are rich and live in freedom, even if we know they are guilty.