Dar el
paso: comportamientos de conductores en Bogotá
Alejandro Castaño
Ramírez
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En toda parte del mundo donde se maneja un vehículo es
necesario indicar al otro, o tener consideración de su posición, para realizar
un giro o cambiar de carril. En los carros esto se hace a través de una luz
indicadora que se llama direccional. La persona que va detrás por el otro carril
detiene un poco su paso para dejarlo seguir, a menos que venga muy rápido y sea
peligroso frenar. Pero en Bogotá, cuando usted activa la luz direccional, los vehículos
que vienen detrás aceleran y no le dejan pasar.
Este comportamiento es bastante particular y va en contra de
nuestra propia naturaleza como mamíferos, que generamos signos para poder
convivir en sociedad y seguimos esos signos en consideración con los demás. ¿Pero
por qué no es el comportamiento frecuente entre nosotros los conductores en
Bogotá?
Varias posibles razones, pero estas necesitan estar
enmarcadas en una realidad: es una actitud consciente y deliberada. Es decir
que el conductor sabe que lo hace y lo sigue haciendo en cada situación, porque
tiene argumentos en su mente que lo justifican, a pesar del riesgo de choque.
Puede operar el mito de ventajoso, o sea que los demás
siempre pensamos que quien pone la direccional está tomando una ventaja sobre
nosotros y por eso no le damos el paso. O puede ser una perspectiva
individualista, tan egocéntrica que siempre nos indica que debemos llegar
primero y no ceder ante nadie, y mucho menos ponernos en los zapatos del
conductor que pide la vía, o nunca vamos a llegar a nada como personas. O puede
ser el miedo a la violencia que nos urge a refugiarnos en nuestras casas o en centros comerciales y así queremos llegar
primero y no dejamos pasar.
No obstante la dificultad crónica de estas razones de la movilidad,
nuestra sociedad sigue un recorrido que nutre y engorda los negocios
relacionados con los vehículos: desde pavimento gasolina, aceites, llantas, hasta carrocerías
para remendar el choque constante de nuestra incapacidad de ser una sociedad
armónica y amigable que cede el paso.
Car yielding: behavior of Bogotá’s drivers
Alejandro Castaño Ramírez
All around
the world when driving a vehicle it is a must to show others that
you are turning or changing lanes. In cars you do that using the indicator. The vehicle behind you then slows down and let you pass, unless it goes too fast and it is dangerous to brake. However, in
Bogotá,
when you turn on an indicator vehicles behind you speed up and do not let you
through.
This
behavior is extremely strange and goes against our own nature as mammals. Mammals use signs to live together in a society and we follow these signs out of regard of others. But how come Bogotá’s drivers do not yield to other easily?
There are
several reasons for this, but all need to be based around a fact: is a deliberated
and conscious attitude. This is to say that the driver knows what he is doing
and keeps on doing it because he has reasons justifying his behavior, despite the risk of an accident.
It may be
the “ventajoso” myth, the myth says that Bogotanos automatically judge other drivers indicating, assuming that they are taking advantage of them and therefore you must not yield. Or it may be our individualistic
culture, so selfish it always lead us to arrive first to our destinations and
not to yield to nobody, or be empathetic with the vehicle indicating, as those
behaviors will not take us anywhere as people. Or it may be fear of violence,
urging us to seek shelter in our houses or malls, thus we want to come first
and we do not yield.
Nonetheless
the chronic difficulties regarding our mobility, our society keeps a path
nurturing and growing businesses related to automotive vehicles, from asphalt to gasoline, oil, wheels to fuselages, mechanics fixing bodywork after almost constant accidents caused by
our inability to be a harmonic and amiable society that yields
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