jueves, 30 de julio de 2015

Dar el paso: comportamientos de conductores en Bogotá
Alejandro Castaño Ramírez
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En toda parte del mundo donde se maneja un vehículo es necesario indicar al otro, o tener consideración de su posición, para realizar un giro o cambiar de carril. En los carros esto se hace a través de una luz indicadora que se llama direccional. La persona que va detrás por el otro carril detiene un poco su paso para dejarlo seguir, a menos que venga muy rápido y sea peligroso frenar. Pero en Bogotá, cuando usted activa la luz direccional, los vehículos que vienen detrás aceleran y no le dejan pasar.


Este comportamiento es bastante particular y va en contra de nuestra propia naturaleza como mamíferos, que generamos signos para poder convivir en sociedad y seguimos esos signos en consideración con los demás. ¿Pero por qué no es el comportamiento frecuente entre nosotros los conductores en Bogotá?

Varias posibles razones, pero estas necesitan estar enmarcadas en una realidad: es una actitud consciente y deliberada. Es decir que el conductor sabe que lo hace y lo sigue haciendo en cada situación, porque tiene argumentos en su mente que lo justifican, a pesar del riesgo de choque.


Puede operar el mito de ventajoso, o sea que los demás siempre pensamos que quien pone la direccional está tomando una ventaja sobre nosotros y por eso no le damos el paso. O puede ser una perspectiva individualista, tan egocéntrica que siempre nos indica que debemos llegar primero y no ceder ante nadie, y mucho menos ponernos en los zapatos del conductor que pide la vía, o nunca vamos a llegar a nada como personas. O puede ser el miedo a la violencia que nos urge a refugiarnos en nuestras casas o en  centros comerciales y así queremos llegar primero y no dejamos pasar.


No obstante la dificultad crónica de estas razones de la movilidad, nuestra sociedad sigue un recorrido que nutre y engorda los negocios relacionados con los vehículos: desde pavimento  gasolina, aceites, llantas, hasta carrocerías para remendar el choque constante de nuestra incapacidad de ser una sociedad armónica y amigable que cede el paso.


Car yielding: behavior of Bogotá’s drivers
Alejandro Castaño Ramírez

All around the world when driving a vehicle it is a must to show others that you are turning or changing lanes. In cars you do that using the indicator.  The vehicle behind you then slows down and let you pass, unless it goes too fast and it is dangerous to brake. However, in
Bogotá, when you turn on an indicator vehicles behind you speed up and do not let you through.

This behavior is extremely strange and goes against our own nature as mammals. Mammals use signs to live together in a society and we follow these signs out of regard of others. But how come Bogotá’s drivers do not yield to other easily?

There are several reasons for this, but all need to be based around a fact: is a deliberated and conscious attitude. This is to say that the driver knows what he is doing and keeps on doing it because he has reasons justifying his behavior, despite the risk of an accident.


It may be the “ventajoso” myth, the myth says that Bogotanos automatically judge other drivers indicating, assuming that they are taking advantage of them and therefore you must not yield. Or it may be our individualistic culture, so selfish it always lead us to arrive first to our destinations and not to yield to nobody, or be empathetic with the vehicle indicating, as those behaviors will not take us anywhere as people. Or it may be fear of violence, urging us to seek shelter in our houses or malls, thus we want to come first and we do not yield.

Nonetheless the chronic difficulties regarding our mobility, our society keeps a path nurturing and growing businesses related to automotive vehicles, from asphalt to gasoline, oil, wheels to fuselages, mechanics fixing bodywork after almost constant accidents caused by our inability to be a harmonic and amiable society that yields
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jueves, 23 de julio de 2015


La tierra del olvido: manipulación de un país
Alejandro Castaño Ramírez
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Un país es principalmente lo que sus habitantes piensan que es. Esas ideas forman imaginarios culturales que son compartidos, estabilizando sus significados y conduciéndonos a comportamientos. Con esto en mente, el análisis de esta semana es sobre la manera como se ha formado la identidad del colombiano alrededor del comportamiento del olvido.

Fue el cantante Carlos Vives quien hizo famosa una vieja frase que asocia esa identidad del colombiano con un comportamiento frente a la memoria: el olvido. Y no es una simple frase publicitaria, sino que nace de una realidad en la que vivimos los colombianos: “la tierra del olvido.”


Tal vez haya sido el olvido inculcado por la corona española a los colonos y criollos residentes en las ciudades de ultramar, para alejar el ruido político que hacían las protestas y oposiciones de indígenas y negros mientras se los despojaba de sus tierras y cultura en nombre del dios católico. O tal vez haya sido la manera como una república ya “democrática” quiso nacer de una modernidad malentendida en donde el pasado y la tradición pierde relevancia y todos y todo es igual.


Cualquiera que haya sido la razón los colombianos vivimos en el olvido constante de nuestra historia, dejando de lado antecedentes y personajes que nos han llevado a lo que vivimos hoy en día. Y así, sin poder cuestionar realmente, seguimos quejándonos de cosas circunstanciales sin mirar el cuadro más grande y comprender lo que ha perpetuado la desigualdad y la pobreza en este país.


¿Y qué opción tenemos para enfrentar un mal como el olvido? En el pasado los pueblos se levantaban con guerras y guillotinas para lograr el cambio. Sin embargo la civilización nos exige algo diferente ahora: democracia, aun cuando toque dejar de lado a la rancia oligarquía que asesina impunemente a los líderes que hablan de otras formas de organización social en Colombia, o como la guerrilla y los viejos criminales han hecho de este país su paraíso. Y nosotros olvidamos y no cambiamos, y seguimos hacía adelante, jugando este juego de manipulación y supervivencia a través del olvido.

The land of oblivion: manipulation of a country
Alejandro Castaño Ramírez

A country is primarily what it's inhabitants thinks it is. Those ideas shape the cultural imagination which is shared; stabilizing meanings and driving the countrymen to specific behavior. Hence, the analysis today is about the way the Colombian identity has been formed, circling around oblivion as a behavioral pattern.


It was the singer Carlos Vives who made famous an old sentence associating Colombian’s identity to oblivion as a behavior of the memory. And it is not only an advertising sentence, but it grows in a reality in which we live in this country: the land of oblivion.

It may be the inoculated oblivion from the Spanish crown or “colonos” and “criollos” living in cities overseas, in order to silence the political noise raised by riots and protests of native-Americans and enslaved Africans when they were taken away from their land and culture in the name of a catholic god.

Or it may be the way the Colombian republic, already democratic, wished to give birth to an miscomprehension of modernity, where past and traditional losses are all relevant and everything is equal.

No matter the reason, in Colombia we live in the constant oblivion of our history, putting aside key background and people driving us to how we live nowadays. Thus, without looking at the whole picture and what has been stretching our inequalities and poverty in our country.


What option do we have but to face such bad behavior? In the past, countrymen used war and guillotines to make the change come. However, civilization demands something different from us: democracy, even if we have to forget how the rancid upper class assassinated without punishment all the leaders speaking about other social organization structures. Or how the guerrillas and old criminals have made their paradise out of Colombia. And we forget and don’t change a thing and move forward regardless of history & hindsight, playing this manipulating game of survival in oblivion.

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jueves, 16 de julio de 2015

Vacaciones y libertad en El Rodadero
Alejandro Castaño Ramírez

Ya hace más de 40 años Jean Baudrillard dijo en La Sociedad de Consumo que el capitalismo obliga al ser humano a empeñar su tiempo para obtener un ingreso. Así el mismo tiempo se convierte en un bien, algo que puede ser intercambiable, que se va ganando, y que analizaremos hoy como el tiempo libre de la persona para tomar vacaciones.



El Rodadero en Santa Marta es uno de los lugares donde los colombianos vamos de vacaciones. Es una bahía con muy poca profundidad, como una gran piscina salada con una gran playa de fina arena. En la noche los lugareños disponen sillas para que familias y grupos de amigos turistas se sienten a disfrutar del sonido del mar, mientras beben licor y grupos de vallenato interpretan canciones populares.


Muchos colombianos trabajan más de 50 semanas al año para poder disfrutar 2 ó 3 semanas de esta playa. Ellos invierten su tiempo libre de esta manera y eso nos dice algo de lo que significa el valor del tiempo libre para el trabajador en Colombia.

¿Y qué dice?

Al ver a las personas de un lado para otro, dice que vacacionar es no tener un rumbo definido, no “tener que ir hacia alguna parte”. Al ver a las personas despiertas hasta tan tarde en la noche, con sus hijos acompañándolos, o tan temprano en la mañana se identifica que no se restringe el cuerpo a una hora específica para acostarse, y tampoco para levantarse. Se es libre de la rigurosa rutina de la producción y el famoso “nive to five”. Así como el consumo de licor indica que tampoco se restringe al fin de semana. O la cantidad de personas comiendo fritos indica que tampoco se restringe el consumo de alimentos al seguir una dieta.



Cuando se vacaciona se es libre, en conclusión. Pero,  al ver a tanta gente haciendo lo mismo se puede hablar de libertad. La tentación de la ciencias sociales de la segunda mitad del siglo pasado sería decir que no. Pero hoy en día se reconoce que sí hay y muchos deciden vivir su libertad de  esta forma por tradición cultural.

Free time and freedom in El Rodadero, Santa Marta, Colombia
Alejandro Castaño Ramírez

No more than fifty years ago, Jean Baudrillard used his book, The Consumer Society, to explore the concept of how capitalism has forced humans to trade their time in oder to obtain payment. In this mode of thought, time has become an asset. Something to barter with, something to earn, and most particularly, what we are going to analyse today, how free time is utilised to take vacations.


El Rodadero in Santa Marta is one of the places Colombians go to take vacations. Its a shallow bay, as glistening salty pool, bordered by fine sand. At night, locals put out chairs on the sand for groups of tourist families to sit back, relax, and enjoy the waves. To drink liquor and listen to popular “vallenato” music.

Many Colombians work for more than fifty weeks a year to be able to enjoy two or three weeks of this time on the beach. They invest their free time in this way and it tells us something about the meaning of free time for the worker in Colombia.

What does it say?

Seeing people randomly walking tells us that vacationing does not necessarily entail just staying in a specific place. Seeing people wake up late night or early morning, with their children, tells us that a tight schedule is not enforced. The body is not restricted to schedule of when to sleep or to wake up. You are free from a monotonous productivity routine and the infamous nine to five. People's high consumption of alcohol is no longer restricted to weekends. People eating “fritos” (arepa de huevo, carimañola, etc) shows us that on holiday the body is not restricted to a diet.


So the conclusion is that when vacationing you are free. But, as you see a lot of people doing the same routine can you really call this freedom. It is a temptation to say you are not, but it may be based on last century's paradigms. Today it is recognized that there is freedom, as many people have chosen to enjoy their freedom in this way because of their cultural tradition.

jueves, 9 de julio de 2015

Etnografía de la recomendación de un producto
Alejandro Castaño Ramírez

A pesar que el mercadeo se olvidó un rato del voz a voz, concentrándose en medios masivos bajo la ilusión de mercados de consumo de inagotable crecimiento, siempre al ser humano lo ha acompañado un comportamiento de mercadeo: la recomendación.



Los seres humanos aprendemos unos de otros sobre el mundo, en la medida en que compartimos información acerca de lo que nos rodea. Ese conocimiento motiva patrones de comportamiento que hacen sentido con la finalidad de la vida, generando estructuras de consumo entreveradas con patrones simbólicos.

En un supermercado observé una mujer recién casada haciendo compras para el aseo de su casa. Le escribía un texto a su mamá preguntándole por el mejor decolorante para lavar una camisa. La madre responde: la marca X, debido a las razones Y y Z.



En esta recomendación, como en todas, hay quien recomienda y quien recibe la recomendación. Estos son los dos roles básicos. Y para que la recomendación sea efectiva, quien recomienda debe tener unas características: el conocimiento, la experiencia, la cercanía a quien recomienda. La madre cumple estas características.



Ahora, a quien se le recomienda algo también debe estar en necesidad de aquello que es recomendado. La mujer recién casada tiene una necesidad, relacionada con la imagen social contenida simbólicamente en la ropa: que su marido luzca bien. Esto puede llevarlos a una mejor situación social.

La recomendación viaja unidireccionalmente en primera instancia: de quien recomienda a quien recibe una recomendación. De la madre a la hija en este caso. Múltiples códigos hacen esto posible, como la comprensión del lenguaje, o el contexto donde se realiza la recomendación.




Pero también tiene un retorno a quien recomienda, cuando quien recibe la recomendación actúa con respecto a lo recomendado: la hija se acerca a estante de decolorantes, mira varios, parece contar con los labios al ver los precios y finalmente compra la marca decolorante X. Quien hizo la recomendación gana dentro de la relación social en el cual suceda, en este caso el cariño y respeto de su hija.

Ethnography of a product recommendation
Alejandro Castaño Ramírez

Despite the fact that marketing forgot for a while about the concept of word of mouth, focusing on mass media under the illusion of eternally growing markets, there has always been this marketing behavior: recommendation.



Humans learn from each other about the world, as long as we share information about what surround us. This knowledge set up behavioral patterns in accordance with life goals, building up consumption platforms intertwined with symbolic patterns.

In a supermarket I observed a new bride shopping for laundry and house cleaning products. She was writing a text to her mother, asking about the best whitener to wash a shirt. Mother answered brand X, because X and Y reasons.



In this recommendation, as with everyone, there are those who give recommendations and those who get a recommendation. Those are two basic roles. However, for the recommendation to be effective, the person offering advice has to have specific qualities: knowledge, experience, and a relatioship with the receiver. In this case it was the mother who fulfilled these qualities.

Now, in this scenarios, the person on the receiving end of the recommendation has to be in need of what is being recommended. Specifically here, the new bride has a social image need, linked to clothing: she wants her husband to look good. His appearance may take them to a better social situation.

A recommendation travels unidirectional at first: from the one recommending to the one getting a recommendation. From mother to daughter. Several codes make this possible, such as language understanding or context.

There is also the case where this returns to the one who recommends, in case the other will act upon the advice. I watch the daughter approach the whitener’s isle, stares at some products, gesticulates her mouth as doing math operations and finally reaching to whitener brand X. Who has done the recommendation earns something in the relationship: love and respect from her daughter.

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jueves, 2 de julio de 2015


Código cultural e instalación del café en Colombia
Alejandro Castaño Ramírez

El consumo de un producto en una cultura tiene antecedentes, cuestionables desde diversos puntos de vista, pero analizables desde la antropología de mercados. Hoy exploraremos el  consumo de café en Colombia, desde la instalación de un producto en una cultura.

Bien sabemos que el café no es americano, ni siquiera es una bebida con una amplia tradición española. Pero en Colombia, durante el siglo XIX, el gobierno se dio cuenta que las condiciones agrícolas facilitaban la cosecha de un producto que era una moda en Europa y USA, y que generaría ingresos.



Así, por años Colombia se benefició del comercio de esta exportación, mientras lentamente se fue instalando en las costumbres, desalojando al agua de panela, la colada y el chocolate de nuestros hábitos. Con tibieza, sí, debido a la creencia en que el mejor café siempre lo exportaban, y aún así colonizando escenarios prestigiosos de interacción social.

La caída de los precios mundiales del café en el siglo XX llevó a que los empresarios tuvieran que darle una mirada innovadora a su negocio. Los grandes mercados internacionales se volvieron más difíciles para este producto. La solución: la construcción de un mercado interno.



Esta construcción se ha venido desarrollando desde los años 90. Bien puede haber sido la telenovela Café con aroma de mujer o los triunfos del ciclismo con la marca Café de Colombia, lo que sembró la semilla. Una semilla que hoy ha alcanzado su expresión con Juan Valdez. La cual, junto a empresas como ella, ha comprendido cuatro aspectos culturales de los colombianos para apalancar esta instalación de producto.

El primero es el código del orgullo: “el mejor café del mundo” creado por la publicidad, que significa  el sabor, la elegancia y sofisticación en las formas de preparación. El segundo el concepto de familia, ya que el café se comparte con aquellos que son cercanos a la cerrada confianza del colombiano. El tercer concepto es la alegría, el cual está ampliamente asociado a la identidad: porque el colombiano es alegre, le gusta celebrar, reír y tener sentido del humor. Y por último la energía, ya que el café es un energizante, que se consume en momentos que requieren concentración y voluntad.



Cultural code and installation of coffee consumption in Colombia
Alejandro Castaño Ramírez

Consumption of a product in a culture has background. Many times the background has weaknesses to be questioned from several points of view, but altogether analyzable by market anthropology. Today we explore coffee consumption in Colombia, from a product installation perspective.


We know coffee is not originally from American soil. It does not have a long tradition among Spaniards. But in 19th century, Colombia’s government realized the favorable conditions to harvest a product that was a fashion in Europe and USA, and that would make considerable earnings for the country.



Colombia has benefited for years from that trade, while slowly adopting habits of coffee consumption, displacing products like “agua de panela”, “colada” or home-made chocolate drinks. Slow adoption, due to the social belief that the best coffee was always exported, but spreading through scenarios of social interactions.

The fall of world coffee prices in 20th century forced companies to innovate their businesses. International markets narrowed. So what was the solution? To build up an internal market.

This market has been developing since the 90s. The seed of the story may have been the very famous soap opera “Café con aroma de mujer”, or pro-bicycling triumphs of Café de Colombia team. Now there is the Juan Valdez brand, which among other companies, have understood four important cultural assets to leverage the product's adoption.



First is the pride code that comes from the slogan: “El mejor café del mundo”. Designed by advertisers, it represents elegance and sophistication in making forms. Second is the family concept, as coffee is shared among those allowed within the circle of trust of Colombians. Third, the concept of joy, fully attached to identity: happiness expressions, laughing, and a sense of humor. Four is power, as coffee is an energizer; consumed in moments of need, as we need to concentrate or maintain will of power.

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http://www.lapatria.com/tenga-en-cuenta/de-manera-sencilla-prepare-un-buen-cafe-20312?qt-redessociales=1